El ex presidente del Gobierno de Italia Giuliano Amato, académico de honor de la Real Academia de Ciencias Políticas y Morales

Guliano Amato, en un momento de su discurso de ingreso como académico de honor en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

Giuliano Amato, ex presidente de Italia en dos ocasiones y del Tribunal Constitucional italiano, tomó posesión  el pasado 6 de octubre como nuevo académico de honor de la Real Academia de Ciencias Morales y Política, corporación que preside el profesor Benigno Pendás. En su discurso de ingreso, titulado “El regionalismo cooperativo. Un recurso para las democracias”, Amato ha advertido del riesgo de que, si no se toman las medidas oportunas, se produzca un avance de los “movimientos populistas”, con lo que ello conlleva. La contestación fuer realizada por el académico Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón.

En su discurso de ingreso, el profesor Amato señaló de las consecuencias de usar la “vía del centralismo” a la hora de adoptar decisiones por los estados de una manera no adecuada: “Una vez que tomamos la vía del centralismo, si las cosas no funcionan (a causa de decisiones que no llegan a tomarse o que se quedan en papel mojado por falta de ejecución) existe el riesgo de que quien herede y pueda beneficiarse de ello  sea un victorioso movimiento populista que, en cuanto tal, se considere no solo el vencedor, sino el único representante de la voluntad unitaria del pueblo, cuyos enemigos tienen que ser marginados y aislados”.

El profesor Amato  se refirió a la necesidad de afrontar los efectos de las grandes crisis “con decisiones rápidas y uniformes por parte del Estado, algo que , añadió, “parece de por sí irreprensible”, aunque advirtió igualmente de que la adopción de esas decisiones de ese tipo, “incluso cuando sean necesarias decisiones de este tipo”, puede encontrar serios problemas para llevarlas a cabo.

Como “antídotos” principales para evitar los riesgos derivados de una mala concepción del centralismo, destacó Amato en su discurso, destacó sin género de dudas a las autonomías, “como un ingrediente esencial” de nuestras democracias. Y es que, añadió, las autonomías pueden aportar “ese rol cooperativo que nuestro centralismo nos ha impedido ver y valorar: probemos a verlas no como granos de área en los engranajes de nuestras democracias, sino como el lubricante del que éstas, en el futuro, nos aguarda y cuyo dramatismo aún no hayamos comprendido completamente, tendrán una gran necesidad”.

Ir arriba